Sitspot, sentarse en la naturaleza sana nuestro cerebro

En este blog ya he hablado varias veces de Jon Young, un naturalista y mentor de Estados Unidos, al que conocí en Inglaterra en un curso llamado Cultural Emergence.

Él ha estudiado durante muchos años los atributos de conexión que presentan todavía algunas sociedades tribales como los San o bosquimanos y que nosotrxs en occidente hace tiempo que perdimos. Es un largo camino el de la sanación de nuestras conexiones con el mundo natural, con nuestro yo interior, con los demás seres humanos y con lo que es más grande que nosotrxs mismos, pero Jon ha desarrollado una seria de enseñanzas y prácticas para emprender ese camino, con el nombre de 8-shields.

Una de ellas es el SITSPOT o lugar de sentarse. Se trata de encontrar un lugar natural cerca de nuestra casa, un sitio al que podamos ir en 5 o 10 minutos, mejor andando. No tiene por qué ser un bosque, un río o el mar; si vivimos en una ciudad nos servirá un jardín o un parque. Simplemente tiene que haber vegetación y ser visitado por algunas aves. La idea es pasar tiempo en ese lugar, ir varias veces por semana durante varios meses, años si nos es posible y si somos capaces de comprometernos con esta práctica.

Establecer una relación con nuestro sitspot

Una vez en nuestro sitspot, no hay nada que hacer. Por supuesto podemos meditar si practicamos la meditación, pero más bien se trata de observar y escuchar. Estar en silencio para absorber la energía de ese lugar, los cambios de estación, el comportamiento y los diferentes sonidos que emiten los pájaros. Es aconsejable ir a distintas horas del día y en distintas épocas del año. Así, poco a poco se empieza a establecer una relación con el lugar elegido. Se empiezan a notar dinámicas, cambios, lo que es habitual y lo que es raro. Nuestra presencia en el lugar ya no es una amenaza para ciertos animales y puede que empecemos a ver a los más tímidos. Aquellos que normalmente son invisibles para nosotros.

Además, ese tiempo de soledad nos sirve de pausa en el ritmo frenético de nuestras vidas. Y por eso se convierte, también, en una experiencia terapéutica.

Bellísimo sitspot en la Toscana, Italia

Desarrollar todos los sentidos

Nuestros sentidos —normalmente atrofiados en esta sociedad donde prácticamente solo usamos la vista la mayoría del tiempo— se empiezan a agudizar en esta práctica si empezamos a escuchar los sonidos más lejanos,  a oler las plantas, a sentir el viento en nuestra piel e incluso a tocar lo que nos rodea.  Además, nos hacemos más conscientes de lo que sentimos dentro de nuestro cuerpo, desarrollando así el sentido de la interocepción.  En este proceso, nuestras conexiones neuronales se pueden regenerar. En esta página sobre entrenamiento cognitivo se dice:

“Por ejemplo, cuando se intenta reconocer un nuevo pájaro, se realizan nuevas conexiones entre algunas neuronas. Así, las neuronas de la corteza visual determinan su color, las de la corteza auditiva atienden a su canto y, otras, al nombre del pájaro. Para conocer el pájaro y sus atributos, el color, la canción y el nombre son repetidamente evocados. Revisitando el circuito neural y restableciendo la transmisión neuronal entre las neuronas implicadas cada nuevo intento mejora la eficiencia de la transmisión sináptica. “

Llevar un diario (Journaling)

Otra práctica complementaria al Sitspot, es el llevar un diario o cuaderno de campo donde anotar lo que hemos visto o sentido. De esta forma, las experiencias vivas se fijan más en nuestro subconsciente, ayudando a que se creen nuevas conexiones neuronales.

Conocer las aves del lugar

Como yo he estado viajando mucho en los últimos años, no he podido establecer una relación larga con un solo lugar, pero he intentado desde hace meses encontrar un lugar al que ir a sentarme en cada sitio donde he estado. Eso me ha permitido empezar a ser mucho más consciente de los ritmos de la naturaleza, los sutiles cambios estacionales que se van dando cada vez que voy, aprender a conocer a los pájaros (con la ayuda de apps de ornitología como Ornidroid o la de SEO/Birdlife) o reconocer a individuos concretos (los pájaros son muy territoriales, así que cuando un petirrojo por ejemplo está en el mismo árbol día tras día, es probable que sea el mismo siempre, hasta que muere y su lugar es ocupado por otro).

Os recomiendo que empecéis esta práctica.¡Los beneficios son inmediatos!

2 comentarios sobre “Sitspot, sentarse en la naturaleza sana nuestro cerebro

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